De campamento

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En Arapiles, Salamanca, este fin de semana…cosas de que exista una asociación napoleónica, y que se quiera quedar para entrenar (que doy fe que luego luce el trabajo), pasar un buen rato, y desfilar plaza arriba y plaza abajo…si no se tiene nada mejor que hacer.

La batalla de Andagoste: 2ª parte, los problemas de la interpretación.

El hallazgo de un campo de batalla es algo ecepcional y muy dificil de interpretar. Algo tan fugaz (apenas unas horas) no dejan muchos indicios  para que sepamos qué ocurrió. ¿Cómo fueron los movimientos? ¿Quiénes eran los atacantes?

El primer estudio en profundidad de un campo de batalla como “lugar” arqueológico data de 1983, la famosa batalla de “Little Big Horn” (la revista National Geographic Magazine Nº170, dic. 1986 tiene un buen artículo sobre este estudio) el cual se llevó a cabo para tratar de esclarecer esta mítica batalla, a aprtir de los restos, materiales y humanos, que todavía seguían en el mismo sitio que cayeron en aquel día de 25 de junio de 1876. Las huídas, los grupos que resistieron, incluso algún fusil que dejaba marcas características permitiendo su rastreo, fueron redibujados sobre el terreno.

Recreación animada (GIF) de los movimientos de la batalla de Little Big Horn. A: Custer B: Reno C: Benteen D: Yates E: Weir

En rojo, el campamento y las fuerzas indias. Licencia GNU, origen, wiki commons

El caso de Andagoste

Al contrario que la anterior batalla, de la que tenemos testimonios orales y gráficos, en Andagoste nuestra única información es arqueológica. A priori, se desconoce el número y procedencia de las fuerzas, el resultado del encuentro, los movimientos previos  y posteriores…o incluso su existencia. Sólo los restos arqueológicos, inútiles por sí mismos, pero valisos si sabemos, por el contexto (posición, etc) interpretar qué significan.

Veamos el resumen que hace el director de las excavaciones, Jose Antonio Otxaran Larrondo, en su artículo en euskonews (de lectura recomendada):

El resumen de la Batalla de Andagoste pudiera ser así:

Hacia el año 38 antes de Cristo (1), un ejército de 1.200 a 1.800 soldados romanos (2) compuesto por legionarios, algunos veteranos de las Guerra de las Galias, (3), además de tropas auxiliares (4) se encontraban en el Valle de Cuartango (Alava). Iban o venían de atacar algún castro (5) cuando fueron cercados por tropas indígenas (6) en una colina deshabitada. Los romanos intentaron hacer un castra aestiva pero no lograron terminarla y dicha defensa no les sirvió pues se luchó dentro del recinto*. Al parecer los indígenas ganaron esta batalla (7).

Me gustaría ir desgranando aspectos que pueden interpretarse de varias maneras. Reconozco que mis conocimientos y la bibliografía a la que tengo acceso pueden ser escasos, pero, al menos, suficientes para plantear varias cuestiones interesantes. Contestando a Otxaran, vayamos punto por punto de las anotaciones a pie de página del propio Otxaran:

1 – admitiendo un par de años de más o menos.

Ningún problema con la numismática.

2 -[había de 1.200 a 1.800 soldados romanos]deducido por las dimensiones del campamento. La relación entre legionario y espacio ocupado eran fijas. No sabemos si los romanos estaban haciendo el castra cuando fueron sorprendidos por los indígenas o bien se vieron obligados a hacerlo al ser atacados. En este caso el número sería superior a lo indicado.

Completamente de acuerdo. Un campamento construido para guarnecerse, es por lógica más amplio que uno construido bajo ataque por razones puramente defensivas, y como bien dice, las superficies estipuladas para el número de legionarios, están descritas (aunque no suelan coincidir…pero esa es otra cosa) en tratados militares de la época:

1: Principia 2: Via Praetoria 3: Via Principalis 4: Porta Principalis Dextra 5: Porta Praetoria (main gate) 6: Porta Principalis Sinistra 7: Porta Decumana (back gate). De: Wiki Commons GNU Free Documentation License,

3- los anillos de hierro, privativos de los ciudadanos romanos, indican que eran legionarios. El inusual número de fíbulas tipo Alesia nos sugieren su participación en la Guerra de las Galias.

Es la primera mención que oigo a los anillos de hierro (no así de oro) como privativos de ciudadanos romanos. Desgraciadamente, no me ha sido posible encontrar la fuente de dicha afirmación, pero sí que dichos anillos eran “obsequidos” a los esclavos liberados como recuerdo de sus cadenas (hay una historia similar con Prometeo) y que de acuerdo a otras fuentes primarias, eran privativos de la orden equestre (la clase inferior a los senadores). Lamentablemente, no están expuestos en el Museo de Arqueología de Alava, y un anillo de hierro no tiene porqué ser de dedo. Esta cuestión se me queda para más tarde…Las fíbulas Alesia, en cambio, está mucho más claro su origen y uso militar.

4- al menos había honderos.

Sería extremadamente raro que una fuerza de legionarios no estuviese junto a contingentes auxiliares (especialmente infantería ligera y arqueros u honderos) . El tipo de lucha típico de  una legión romana implica combate a corta distancia, en orden cerrado. Cualquier otro tipo de licha significaba que el legionario estaba en clara desventaja. Un contingente de infantería o caballería ligera para cubrir los flancos, y honderos u arqueros para atacar a distancia son el complemento ideal. En este caso, tenemos una clara confirmación, en forma de proyectiles de hondas, de su presencia.

5 -llevaban máquinas pesadas de guerra: scorpios.[y por lo tanto iban o venían de asediar un castro]


Si estuviese claro de que se trataba de un contingente exclusivamente auxiliar, tendríamos lugar a polémica ( ver “Catapults in the cohors”, Duncan Campbell, Ancient Warfare Magazine Vol II, Nº 2). Pero tratándose de una fuerza con legionarios, hay quien propone la cifra de una ballista por cada 80 legionarios, y no sólo para casos de asedio, sino como práctica general. Pueden tener un alcance efectivo de 200 metros, y un máximo de hasta 600, con una cadencia de 6 disparos por minuto. Perfecto para atacar desde una distancia segura a fuerzas que no pueden responderte.

6- fíbulas, torques, guardamanos de puñal tipo Monte Bernorio…

Llegamos a uno de los puntos más polémicos: la identidad del atacante, tema espinoso por los escasos restos (Aparte de las fíbulas, ¿dos?). Hay que tener en cuenta que puedan ser de las fuerzas auxiliares romanas, provenientes casi con seguridad de Hispania, con lo que ello complica cualquier conclusión. Entre ellos, un elemento céltico por antonomasia: Un torque. Pero quizás haya que tener cautela con este objeto. Desde el siglo 4º a.C. en el que Titus Manlius Imperiosus derrotó en combate singular a un jefe celta, despojándole de su torque y poniéndosela al cuello, ganando el apodo “Torquatus”. Esta se convirtió en un símbolo de valor, y fue una condecoración militar usada hasta pasado más de medio milenio, como podemos ver en este busto, colgando en la pares superior, una a cada lado:

créditos: la excelente base de datos de romanarmy.com

7 -La lucha dentro del castra, el pasillo de escape en derechura a la salida más fácil del valle, el abandono de muertos (por la dispersión de clavos de cáliga)…[Al parecer los indígenas ganaron esta batalla ]

Vayamos por partes, que esta es la parte más complicada y polémica.

La lucha dentro del castra:

Modificado de :

Otxarán y Unzueta: en “La romanización en los valles cantábricos alaveses. El yacimiento arqueológico de Aloria”

Como vemos, sólo se encuentran 7 armas (desconozco cuáles y en qué estado) dentro del perímetro del los campamentos, y notablemente, ningún proyectil de honda (glande de plomo) que indicaría claramente que los romanos hubieron de luchar contra alguien que estaba dentor del perímetro. No encuentro ningún indicio para aceptar la tesis de Otxarán.

Edito: Ocharán me ha explicado que este es un plano preliminar, que sólo muestra una cuarta parte de los objetos, realizado al comienzo de la excavación en 1998.

Además, la oportunidad que tuvimos de comprobar la efectividad durante el rodaje de una defensa similar a la del camapamento original, de apenas medio metro de altura, y un foso apenas presente, dejó claro que pese a apenas disponer de empalizada, con las manos ocupadas por las armas, el peso del equipo, por no hablar de la ventaja del defensor al estar en altura, hacen que sea bastante difícil sobrepasar las defensas:

el pasillo de escape en derechura a la salida más fácil del valle:

Interpretar un “pasillo” de restos en un sentido (escape) u otro (llegada),  es notoriamente difícil. A pesar de que bien pudieron aguantar el ataque en el campamento,  pudieron verse obligados a retirarse de esa posición. O bien, tras haber entrado en el valle, tuvieron que refugiarse en ese campamento.

el abandono de muertos (por la dispersión de clavos de cáliga)

Wiki Commons

Una caligae, en este caso con unas 70 tachuelas. En andagoste se han encontrado 600, es decir menos de  las necesarias para hacer cinco pares de éstas. Edito: las encontradas son bastante más grandes que éstas, por lo que el número de caligae perdidas sería notablemente superior.

Conclusión:

La dificultad de interpretar y engarzar las conclusiones de cada aspecto son extremadamente difíciles. En estos momentos, la información accesible no es muy detallada, y los restos que están expuestos en el Museo de Arqueología de Alava carecen de explicación alguna. Todavía me queda por visitar la casa-torre de Urbina-Basabe, donde se muestra el documental, una maqueta bastante destacable, y creo (no estoy seguro)  algún resto más. Realmente, este raro y destacable hallazgo merece una publicación específica (y no en actas de congreso, sino libro), y no sólo para nuestro país (no tengo constancia de ningún texto en inglés). Miles de aficionados a la historia militar romana del mundo agradecerán que se hiciese así.

Edito: Ocharán me ha comentado que la publicación del libro está programada para el 2010.

Published in: on abril 7, 2009 at 12:33 pm  Comments (10)  
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La batalla de Andagoste: 1ª parte, la historia.

Esta batalla es de gran interés, tanto por haber sido desconocida hasta su descubrimiento arqueológico, como por la significancia o variedad de interpretaciones que son posibles.

En 1997, las obras de canalización de agua permitieron descubrir una zona en la que material excepcional, como glandes (114 proyectiles de plomo militares para hondas), 600 clavos de caligae (calzado romano) y monedas que evidenciaban un encuentro bélico desconocido. Durante varios años, se llevó a cabo una recogida sistemática de los restos, que quedaron reflejados como queda en el esquema inferior (haced click para verlo más grande):

Otxarán y Unzueta: en “La romanización en los valles cantábricos alaveses. El yacimiento arqueológico de Aloria”

Haz clic en el mapa de dispersión para verlo más grande.

La localización es en el centro de un ancho valle, por el que discurre el río Bayas, entre dos escarpadas paredes que lo cierran en casit odo su perímetro (se eve en la foto inicial), excepto en el sur, donde queda un estrecho desfiladero. No muy buen sitio si hay fuerzas hostiles por la zona… Podeís verlo en Google Earth o Maps, si buscaís “Kuartango”. A unos 600 metros al Sudeste, está la zona del campamento.

A ver, 600 clavos de caligae  ¿Cuántas caligae son?

La interpretación más generalizada (no obstante, hay quien la pone en duda) es que se trata de una batalla entre un destacamento militar romano, inferior a una legión (quizás la cuarta parte), equipados con artillería (se han encontrado las puntas de los proyectiles, muy características) que fue sorprendido en marcha, por lo que apensa puedieron montar el campamento para defenderse, por estar bajo ataque. Además, la roca aflora fácilmente, haciendo muy difícil cavar fosos o defensas, y empobreciendo la tierra, haciéndola inútil para la agricultura, motivo por el que muy probablemente nos ha llegado intacto hasta nosotros.

Terraplén construido durante el rodaje del documental. Se puede ver la poca profundidad a la que afloran las lajas de caliza.

Los atacantes parecen ser “indígenas” (no es fácil saberlo) por los restos (un torque o collar metálico, también usado por los romanos como condecoración) y restos de un puñal “monte Bernorio” como los hallados en La Hoya o Carasta. Por la distribución tribal generalmente aceptada, serían Carisitios.

La existencia de un pasillo de restos saliendo (o entrando…) del  fuerte, se interpreta como la retirada forzosa de esta derrotada fuerza romana.

¿O Roma Víctor?

También se le puede dar la vuelta a esta interpretación, intepretando el “sendero de restos” como la vía de llegada de una fuerza romana, de un número considerable en comparación con la población de estas tierras por entonces, que bajo ataque, contruyó un fuerte, rechazó a los agresores (no se llegó a luchar dentro del campamento. Al menos por lo que sé, aunque hay quien opina lo contrario…) mediante sus honderos  (114 proyectiles se disparan en un par de minutos) y artillería, dispersando a los oponentes…

Hasta que no se publique información más completa y detallada, sólo tenemos vagas descripciones del material encontrado. En breve, la inauguración de la exposición en la Casa-Torre de Urbina Basabe, de restos de la batalla, el documental, y una espectacular maqueta, además de la sección correspondiente en el Museo de Arqueología de Alava, seguro que aporta nuevos detalles.

Más información y fuentes:

Página oficial

Tríptico informativo

Noticia de la aperturade la exposición, con horarios

Artículo en Euskonews

Post en “En el ángulo oscuro”

Más cosas (fotos del campo de batalla y comentarios) en el foro de la Legio Nona Hispana

Como curiosidad, también fueron halladas varias monedas hispanoárabes

fotos:  © cohors prima gallica, excepto las indicadas